La temática de los adversarios del yo poético, que aparece en los Salmos 3 y 4, vuelve a encontrarse en el Salmo 5, pero con distinta función. Los Salmos tercero y cuarto en un sentido se complementan, siendo aquel una oración de carácter matutino y este de carácter vespertino (3:5 y 4:8, respectivamente). Referencias al peligro y tensión habían aparecido en los dos Salmos precedentes con relación al yo del salmista; pero en este quinto Salmo la temática de los adversarios aparece supeditada a un centro temático que tiene que ver con el acceso a la casa de Dios.

imagenes/himno del Verbo.jpg

Imagen: Fourth Presbyterian Church, Chicago. ARM - Soli Deo gloria.

    Ya desde el Salmo 1 sabemos que la vida es un camino, pero junto a las imágenes dinámicas del peregrinar, o de las mismas corrientes de agua, coexiste una importante imagen de permanencia, pues ese frondoso árbol estaba bien plantado. Por su parte, el salmo 5 presenta la imagen de la casa de Dios, ese lugar seguro y permanente de comunión y de encuentro con el Dios santo.

Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu Casa;
adoraré con reverencia hacia tu santo Templo. (v. 7, RV95)

   Aquí el lector podría preguntarse a qué "templo" (heykal) se refiere David, puesto que fue su hijo Salomón quien finalmente llevó a cabo el proyecto. A esto puede responderse que, además de en sentido arquitectónico, la palabra heykal llega a aparecer en algún ejemplo de la Escritura (1 Samuel 1:9) refiriéndose al santuario del Señor en un tiempo histórico anterior a la construcción del templo de Salomón. No obstante, también podría sugerirse que cuando David habla de "santo Templo" esté hablando tal vez en términos más espirituales que estricta y exclusivamente arquitectónicos. La teología del templo del Dios santo precede y sucede al templo material, aún no construido durante el reinado davídico, pues éste viene a ser un signo de una realidad celestial. Aquel arca del santuario, con sus querubines en su parte superior, testimoniaba la existencia una realidad celestial que David bien conocía con los ojos de la fe, el trono inconmovible de Dios en las alturas (Salmo 18, también de David):

En mi angustia invoqué al SEÑOR,
y clamé a mi Dios;
desde su templo oyó mi voz,
y mi clamor delante de El llegó a sus oídos. (v. 6, LBLA)

También inclinó los cielos, y descendió
con densas tinieblas debajo de sus pies.
Cabalgó sobre un querubín, y voló;
y raudo voló sobre las alas del viento. (vv. 9-10, LBLA)  

    En una línea similar el mismo Salomón, en su oración de dedicación del Templo alude al ámbito extraterrenal de la casa de Dios: "[...] escucha tú en el lugar de tu morada, en los cielos [...]" (1 Reyes 8:30).

    Pues bien, es esta morada de Dios la que está completamente vedada a los malvados. David, que ha presentado su oración a Dios al modo de un sacrificio matutino, espera en el Señor. No importa que Dios no parezca actuar inmediatamente, el creyente tiene la certeza de que el Dios del Pacto no tolerará al hombre sanguinario en sus atrios:

No eres tú un Dios que se complace en lo malo;
los malvados no pueden vivir a tu lado,
ni en tu presencia hay lugar para los orgullosos.
Tú odias a los malhechores,
destruyes a los mentirosos y rechazas a los traidores y asesinos. (Salmo 5:4-6 DHH)

    Esta imposibilidad de que lo inmoral y malvado habite junto al Dios de santidad y belleza perfecta es clara. El abismo que media entre la luz inmarcesible de la gloria de Dios y nuestra bajeza moral es una tesis fundamental de la teología bíblica:

por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, (Romanos 3:23, RV95)

   Es en este punto en que David marca un contraste: él sí entrará en la casa de Dios:

     Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu Casa;
     adoraré con reverencia hacia tu santo templo. (v. 7, RV95)

    Este acceso es un tesoro de un valor vital, y la manera en la que está formulado incluye un matiz importantísimo que dirime la supuesta contradicción entre, por una parte, la imposibilidad del ser humano pecador, destituído de la gloria divina, de presentarse ante el trono de Dios y, por otra parte, la afirmación de David de entrar en la casa de Dios. Este matiz sitúa en la abundante misericordia de Dios la justificación de poder acceder y tener una audiencia con el soberano del Universo. Ante el trono del Dios santo y perfecto, que escruta las más profundas intenciones de nuestro corazón, jamás podremos acceder basándonos nuestras supuestos actos de justicia. En cambio, de los pobres de espíritu es el Reino de Dios, de aquellos que son conscientes de que el acceso a Dios es "por la abundancia de [Su] misericordia" (cfr., v. 7), de aquellos que en fe y en sinceridad piden a Dios, como David en este Salmo, que los guíe por el sendero de la rectitud:

Señor, por causa de mis enemigos
guíame en tu justicia,
llévame por el buen camino. (Salmo 5:8 DHH)

   De modo que al pobre de espíritu que se acoge a la abundante misericordia divina, sí le es accesible el trono excelso de la majestad de Dios. En el versículo 8 ha reaparecido la imagen dinámica del camino, pues es un peregrinar nuestro andar sobre la tierra, un viaje en el que los humildes de espíritu, aquellos quienes caminan iluminados por el haz de la misericordia de Dios, detestando la bajeza del pecado, están ciertos de poder recorrer hasta el fin, hasta el día en que se encontrarán cara a cara con la luz gloriosa y perfecta de Dios, aquel día en que seremos recibidos en sus moradas.

   No dejemos que las bajezas morales que aún pueden encontrarse en nuestros corazones nos detengan, ni que la consciencia de la abundancia de las miserias del ser humano nos impida reconocer que arriba en los cielos hay un Dios justo que con sobreabundante gracia brinda su misericordia desde su trono perfecto. Por ahora, en lugar de ejecutar su juicio (lo cual hará sin duda en el momento determinado), se complace en conceder fe al ser humano ciego, y a llamar a los peregrinos con los sublimes placeres que se encuentran a la diestra de su trono. Desde su trono celestial, una vez que enciende luz espiritual en el corazón oscuro y ciego, mira con amor al que en Él se refugia, al que ama Su nombre, y lo bendice en su camino. Es curioso que David, que en el versículo 7 había puesto en la abundante misericordia de Dios la explicación a su acceso al trono Divino (y no en su propia justicia), finalmente mencione la palabra "justo" en el v. 12; y es que no sería descabellado pensar que el camino de la fe es una camino de transformación en la justicia.

Pero alégrense todos los que en ti se refugian;
para siempre canten con júbilo,
porque tú los proteges;
regocíjense en ti los que aman tu nombre.

Porque tú, oh SEÑOR, bendices al justo,
como con un escudo lo rodeas de tu favor. (Salmo 5: 11-12, LBLA)

 

   Querido lector, te invito a considerar la abundancia de las misericordias de Dios. Dios quiera que como David no sólo se engendre en tu corazón un rechazo santo del pecado; sino que también, en confiada dependencia, ruegues a Dios, como el salmista: "guíame en tu justicia, llévame por el buen camino." De esta manera, si investigas en las Sagradas Escrituras, descubrirás que el favor de Dios no solamente te esperará al final del trayecto en unas moradas eternas, sino que será quien aliente tu alma en las dificultades del camino a cada paso. Descubrirás Su compañía en el camino y hallarás refugio en la tormenta. Descubrirás al Dios que está presente en el camino, y cuando el sol caiga sobre el horizonte y un viento frío sople sobre tu alma pensamientos de desamparo, podrás descubrir el abrazo protector y paternal del Todopoderoso.

ARM - Soli Deo gloria.

Descargar mp3 (botón derecho y "Guardar destino como"Save target as") 

Ir al Salmo 4

Ir a Música

 

 

"©" ARM, Reverdecer.com: ¡Usa y compártelo! / Use it & Share it!, 2005-2009.